La turbación que da una patada y no deja dormir. Se levanta agitado. Bebe un vaso de leche; no encuentra el tapón. Dónde, el tapón, no hay tapón... "Hemos suplantado al editor. Hemos suplantado al editor", repite la grabación en youtube.
-¡Peepee! ¡Noo!
Figura del padre. Vallejo. Sigmund. Querría escuchar, justo ahora, la voz de Xulia Marleni porque ella dice cosas lindas en quechua y francés.
Pero no tiene saldo.
Lo fácil que es hoy suplantar la identidad. En un examen. En un cuento.
- Oh, no, mató al editor. El gallo mató al editor.
CORAZA
28/05/12
Suplantación
22/05/12
Fantasmas
al que desliza telas,
al que atraviesa luces,
luces de las tardes del tiempo.
Vigila el centinela.
Percute el semáforo.
En el escaparate se miran los que pasan.
Ya
ha caído la luz,
vacía y sin coches.
Ya se ha platonizado la tarde.
Estará pronto
de imágenes limpio el cristal.
Estará él,
el entre telas atrapado fantasma.
10/05/12
Terminación
Toda vida tiene su argumento. No es una serie de hechos encadenados ‒que nada dicen en definitiva‒; no es una idea desplegándose en la historia... Si vieras... Qué extraño desde la ventana el mar. Hasta las nubes retiene, como si fuera un prado. Y es que la brisa no es informe. Reconoce los intersticios, distingue entre terminación o residuo, halla morada en los voladizos o nervaduras o ribetes desmayados de un pétalo. Sólida como piedra. Es la brisa, hoy, que sopla desde Irlanda.
28/03/12
Trapecio
Marte es un trapecio.
Se balancea tan alto tan alto
que casi parece una antorcha
un globo fugitivo o punto
excéntrico de neón.
Las estrellas murmuran en torno
bajo la carpa silente y oscura.
Un solo aliento retenido,
miras al aire,
y suceden cosas alrededor.
Ya no hay carromatos, ni circo, ni leones.
Lejos ondea
el firmamento como una lona que se pliega,
la suave turbulencia al despegar.
Turbulencia temblor.
Soy tan ajeno al planeta como la turbulencia de amor,
como fósil que se quiebra,
como los tojos entre quijadas de aquello que,
recuerdas, nombramos caballo,
como como Marte colgado de un trapecio
tan alto que hasta parece otro mundo.
27/02/12
Mirar el cielo
Tenía pocos años y apenas podía creer que ese cielo fuera real. Pensaba en cajas de lápices de colores, las montañas nevadas, una serie de televisión con bosques y carreteras.
Sí. Miraba la televisión pero en seguida giraba la cabeza y se veía fuera. Aquello no podía ser real. Sentado en la terraza, alcanzaba a concebir el fabuloso pensamiento «el cielo no es azul» y eso bastaba para estremecerlo.
Habría bastado saltar desde la terraza para estar más cerca, pisar sobre nubes, tocar con las manos las estrellas. Suspendido, aunque pronto lo llamarían con alguna simpleza, casi de noche, pensando sólo en el cielo.
21/02/12
Hiedra
Fueron castigados por su amor, y para separarlos irreversiblemente, aun tras la muerte, enterrados en flancos opuestos de una iglesia
Para que nunca compartan la luz
Ni los alcancen a un tiempo las sombras.
Se los tendió sobre lecho de hiedra porque esa era la costumbre desde la primera Cruzada, que el cuerpo del cristiano descansara sobre hiedra y que el pagano lo hiciera en cambio sobre madera de ciprés –pues cae, como el árbol, para no volver a levantarse–.
Esa noche creció hiedra desde sus tumbas. Desde las tumbas creció, trepó por las fachadas de la iglesia, arriba, hasta el tejado, y en el aire se encontraron mezclando sus hojas, sus tallos, entrelazando sus yemas en racimos e inclinándose el uno hacia el otro como el cuello de los cisnes.
Y decían los antiguos que aquellas dos plantas unidas exhalaban la virtud del filtro del amor. Y que ni la muerte, los amores de Tristán e Isolda, había logrado separar.
18/02/12
En tus brazos duermen prados
En tus brazos duermen prados
Cruzan por tu mirada pájaros
Sentada en la tierra
Bajan del cielo estrellas a defenderte
Tú, quien seas, tú
Hablaste de nuevo lengua de ángeles
Sentido cierto de mis días
No, no me permito perderte
17/01/12
Hablábamos del alma
Hablábamos del alma, de su combate.
Hablar de ti es hablar del alma
pues mucho más no conozco de ti.
Así paso yo también mis días, en combate.
Qué lejos quedan hoy los verdes prados,
los caballos que bajaban haciendo cabriolas,
aquellas pompas viajeras de jabón.
Es bello pero falso.
Se puede padecer en todas partes.
Se debe. No nos queda otra opción.
16/01/12
Ítacas
El niño que fuimos lloró por un juguete roto, pero levantó también la mirada hacia la Vía Láctea y recogió objetos en la playa tras la noche de tormenta. Es sobre una línea ondulada donde aprendemos. Es en el barro. En la espuma de mar.
Cuando más tarde nos hablen de mercancías preciosas y del regreso a Ítaca, ya no será igual. Porque esas palabras igualmente podrían servir, se me ocurre, para insuflar no sé qué remoto entusiasmo por los objetivos de una empresa. Es tan vago. Tan falso. Jefes, y padres también, que a veces confunden los papeles, insisten en enseñar a sus hijos en la fantasía porque no creen en la belleza real del mundo. Eso. Que queda la fantasía como recurso, como reserva natural, acotada y protegida.
Y esto es muy raro. Porque casi todo nos ha sido dado en la vida, aunque digamos «es mío», «me lo he ganado», «merezco más». Más. Más. Hasta un día en que remite esa fiebre y comienza el movimiento opuesto, la defensa férrea de lo conquistado. Dicen que somos adultos, entonces, porque hemos traspasado los límites de la frustración y nos hemos asentado en la fina línea de «lo que hay». ¿Será eso? ¿O será la muerte misma que se abre paso y se instala en el salón de casa?
El niño que fuimos dice «de mayor quiero ser tus ganas de vivir». Sí; pero de ganas solo no se puede vivir. Peleas, batallas, qué poco duran las Ítacas. Se vive con los pies en la tierra o amarrado a un poste clavado en la fina línea de «lo que hay». De ganas solo no se puede vivir.
Y si me preguntas ahora por los pies en la tierra, te pediría olvidar las Ítacas y disponerte a escuchar. No a mí. Digo disponerte a escuchar.
01/01/12
Ya la tristeza
Ya la tristeza no cae terrible.
Es solo lluvia
sobre un sitio de escombros
donde nada es nuevo.
Espuma
de mar.
Ahora
toma mi mano porque ya no te soltaré.
Escucha
bajo el bombardeo incesante firme
lento de la muerte,
tú no cruzarás sola
este campo arrasado por la luz.
Tu
miedo de cristal.
Que no te soltaré,
que no estás sola,
ni temblarán tus hojas en un grito.
De noche.
Del aire
has conocido el fulgor.




