8/2/17

EPÍLOGO para «Tumba común» de Cristóbal Polo

Tumba común es el último poemario
de Cristóbal Polo (2017)


Juan Gallo

Fábulas, diálogos, objetos y símbolos habitan un territorio deshojado. Apenas asoman, como nubes en el cielo, las yemas del Yggdrasil en primavera. No nos orientamos —ni perdemos— al modo habitual; más bien entre imágenes de espejos, tras cortinas ondulantes o a través de lentes de anteojo. Hay lo que hay. Pero ahora careces de tus sentidos y afuera nieva sin cesar.

En realidad no ves; solo presientes la escena. Una figura te interpela, sin nombre y sin rostro. Te interpela, insistentemente, y necesitas que alguien te guíe por el nuevo territorio. Nadie entra por aquí. Un acto de la voluntad no mueve las puertas del sueño.

A veces son vivos y a veces son muertos, ellos, los portadores de mensajes. Cada uno —palabra, acción, objeto o gesto— entregado a la hora más intempestiva. Caen los papeles, como los vidrios y los huesos. Cuánto más fácil sería recostarse en el nido terreno, pero la tumba común es el vuelo de un mirlo, un trazo fabuloso que discurre por las edades de la vida. No, no estás aquí para descansar: vagas aún en la ladera de la tribulación.

Días de verano; algunos leves —se deslizan los poemas como un bote de remos sobre el lago—, otros asfixiantes, donde las palabras trepan con furia y prodigalidad. Más allá no ves. La letanía de solicitaciones se apaga en la distancia.

Te queda la confianza. Acreciéntala. Te queda el cuaderno, que es el camino y es el pan. Le prodigas atenciones. Sigue pues a tientas tu camino de purgación bajo las luminarias del cielo. Conversaciones insólitas atraviesan los tejados y vuelan, en bandadas, hacia las aguas del lago. Multiplicándose, la voz se hace transparente en el crepúsculo.

 

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